La semana pasada tuve la oportunidad de visitar la República Dominicana y observar lo que está sucediendo al otro lado de nuestra costa oeste. El Partido de la Liberación Dominicana, (PLD) libra una batalla cuerpo a cuerpo con el Partido Revolucionario Dominicano, (PRD) por mantenerse en el poder. En esa nación antillana, al igual que sucede en casi todos los países del mundo, el partido gobernante lucha por combatir la percepción, real o imaginaria, que le atribuye el enorme deterioro de la economía nacional y el empobrecimiento de la calidad de vida del país exclusivamente a las políticas implantadas por el gobierno.
Habrá que ver si el economista peledeista Danilo Medina, el candidato a presidente del partido gobernante, puede lograr que los dominicanos avalen nuevamente al actual gobierno. Hasta ahora, en ningún país del mundo, los jefes de gobierno en funciones, han logrado permanecer en sus puestos. Por eso en Francia, en España, en Italia, y en Grecia los electores han depositado en las urnas su ira ejerciendo un voto de castigo contundente que ha tronchado las aspiraciones de los gobernantes por mantenerse en el poder. Hay que ver si la estrategia de campaña que ha seguido el PLD puede evitar esa tendencia o si por el contrario precipitará la debacle hasta expulsar al partido gobernante del poder. La oposición, compuesta por más de una docena de partidos, acusa al gobernante PLD de usar tácticas antidemocráticas para alzarse con el triunfo. Componendas que según los principales dirigentes de la oposición incluyen el uso de recursos gubernamentales en la campaña. Igualmente la de querer esconder la realidad del país y el fracaso de las políticas gubernamentales a través de una campaña masiva de desinformación en los medios.
Un dato curioso que se observa en la campaña dominicana tiene que ver con los gastos en que incurren los partidos para convencer a los lectores. En las campañas electorales modernas se invierten en promedio de uno a tres dólares por habitante. Por ejemplo, en Estados Unidos, que tiene una población de 300 millones de personas se calcula que los partidos, el Republicano y el Demócrata invertirán entre $300 y $900 millones en la campaña de 2012. En Puerto Rico, con 4 millones de habitantes, se espera que los gastos de la presente campaña alcance la cifra entre $4 y $12 millones. Sin embargo, en el caso de la República Dominicana, se calcula que se están invirtiendo alrededor de $30 per cápita. Una cifra escandalosamente alta para un país con tantas necesidades sociales que atender. Cuando se toma como indicador la inversión exclusivamente por elector, en Dominicana la campaña presidencial resulta tan costosa como en Estados Unidos, el país más rico del mundo.
El candidato del PRD, Hipólito Mejías, quien fuera presidente durante el periodo de 2000 a 2004, aspira a tomar nuevamente las riendas del gobierno dominicano. Para lograrlo apuesta al descontento general que uno nota en cualquier esquina de la ciudad de Santo Domingo. Tuve la oportunidad de visitar varios barrios de la capital dominicana. Atrajo poderosamente mi atención un pegadizo que considero ejemplo de la creatividad a la que apelan los pueblos cuando se sienten acosados por las circunstancias. Este leía: “Toy harto del PLD.” Cuando uno trata de indagar las razones y percepciones del acontecer político dominicano conversando con el pueblo en la calle, se advierte que el mayor resentimiento político de la gente surge del convencimiento de que el liderato político y gubernamental se ha enriquecido gobernando. Relatan, con el dramatismo propio de una telenovela, los casos de personas que entraron a la política con muy pocos recursos económicos y al cabo de varios años terminan siendo nuevos millonarios. Resienten, que mientras la mayor parte de la población carece de los recursos mínimos para llenar sus necesidades básicas, la clase política se enriquece a costa de las “dadivas” que se obtiene de ocupar cargos públicos o de ser beneficiario del erario.
Durante mi corta visita a ese país pude interactuar con dominicanos de todas las clases sociales lo que me permitió atisbar sus inquietudes y formas de mirarse así mismo. Tras esa experiencia quedé con la impresión de que la República Dominicana es un pueblo bueno que batalla estoicamente contra la adversidad. Se trata de una pequeña nación con importantes recursos naturales, compuesta por gente cordial y trabajadora, que busca jugar un papel protagónico en el drama de la Región del Caribe. Aparentemente, quienes les han fallado han sido sus líderes.
El PRD e Hipólito Mejías, batallan por una segunda oportunidad. Que de lograr el favor de la mayoría del pueblo, será gracias al denodado esfuerzo y trabajo de César Cedeño, director de campaña de Mejías. Cedeño es una conocida figura de la política dominicana que hábilmente ha sabido sustituir la falta de recursos económicos para la campaña perredeísta con grandes dosis de imaginación y sabiduría política. Destrezas que piensa aplicar si su partido logra de nuevo gobernar al País. Que entre otras cosas incluye un plan abarcador a favor de la niñez dominicana. Las elecciones están pautadas para el domingo 20 de mayo. Decenas de miles de dominicanos que residen en Puerto Rico tendrán en esa ocasión la oportunidad de decidir el destino político de su tierra.